Cómo sobrevivir a la marginación
3 Marzo 2009
Autor: Cube
Yo fui una marginada en el colegio y el instituto y gracias a eso aprendí muchas cosas, entre otras a ser una hijaputa como mecanismo de defensa. Esto requiere bastante ingenio, pero para los que no sois tan ingeniosos o sois tan buenas personas que no se os ocurre nada, os daré una ayuda.
Lo principal es marcarte un objetivo. Normalmente cuando entras en una clase ya lo ves a primera vista. No tiene porqué ser otro marginado, vale cualquiera al que consideres tonto y/o con buen carácter. Esto es importante pues alguien con mala uva o muy listo puede tomar represalias.
Principales tácticas:
Paranoia: Consiste en dejar de hablar cuando tu objetivo se acerca o cerrar un cuaderno o libro de golpe cuando pasa cerca de tu pupitre. No hace falta estar hablando/escribiendo/dibujando sobre él/ella, basta con hacer que lo parezca. Además nunca podrán acusarte de nada y podrás defenderte diciendo que se cree el centro del universo. Además podéis citar a Bart Simpson: Telegrama para Lisa Simpson (cambiar Lisa Simpson por el nombre que sea): Paranoia, Paranoia, SUPERPARANOIAAA.
El empollón: Si te tachan de empollón seguro que te ves en la situación de que alguien te pida que le chives en un examen. Con esta táctica tampoco te pueden acusar de nada. Cuando alguien te lo pida, si sabes las respuestas basta con decir algo que suene parecido pero sea un disparate. Ejemplo: Sufragio agrario en lugar de censitario. Es absurdo, pero si no tienen ni idea lo pondrán igual, vaya que si lo pondrán. Cuando te pidan explicaciones: Que me entendiste mal o algo.
El miope: En ocasiones encontramos en las clases personas que, por su forma de entrecerrar los ojos, deducimos que son miopes y sin embargo no llevan gafas. Lo mejor es escribirle notas con letra muy pequeña diciéndole que se ponga gafas. Si nos encontramos en la otra punta de la clase basta con sacar un folio con la palabra MIOPE escrita en el centro. En mi caso la chica acabó poniéndose gafas y tuve la excusa perfecta para llamarla cuatrojos. [Nota: No se os ocurra llamar cuatrojos a nadie cuando se esté comprando unas gafas en una óptica llena de gente].
Desesperación: Existen varias maneras para desesperar a tu compañero de delante. Os explicaré dos. La principal y más fácil es sujetarle la silla con los pies para que no pueda acercarse a la mesa. Cuando se canse de intentarlo y opte por acercárse la mesa a la silla basta con empujar la silla hacia adelante para que se quede aplastado entre la silla y la mesa. Repetir la operación hasta que haga falta. Siempre funciona.
La otra sólo se puede utilizar con chicas larguiruchas a las que todas las camisetas y jerseys les queden cortos. (No sé porqué a los chicos larguiruchos no les quedan cortos los jerseys). Esto provocará que una amplia zona de su espalda asome por debajo del respaldo de la silla, lo ideal para pintarlo con un boli y mejor si conseguís escribir algo. Si es con rotulador permanente aún mejor. Si al día siguiente sigue teniendo una mancha en la espalda es la excusa perfecta para llamarla guarra.
Cosas prohibidas:
Debemos recordar, que a pesar de ser un hijoputa, queremos ser la clase de hijoputa que se gana el cariño y la confianza de los demás, es decir, un hijoputa bueno. Por ello tenemos que respetar unos límites. Existen dos reglas básicas: No herir los sentimientos de los demás y no hacer daño físico. Por ello tenemos que tener especial cuidado con las personas sensibles y debemos evitar que los defectos de los demás sean objeto de nuestras burlas. Por ejemplo, no os metáis nunca con personas obesas o demasiado delgadas, con orejas de soplillo, con granos, demasiado bajos o demasiado altos, etc. Tampoco queremos ridiculizar a la gente, pues eso en la adolescencia es muy duro, por eso hay que evitar las zancadillas y reírse de la gente que se ha caido, las collejas y ese tipo de cosas. Eso lo dejaremos para los hijoputas malos. Nosotros seremos honrados y pediremos disculpas cuando hayamos herido los sentimientos de alguien.
Sobre como formar un buen mote hablaremos en el próximo episodio.
Comentarios:
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XD Menudo bicho!! Lo que me ha encantado es la distinción entre hijo puta bueno y malo.
Dios… sin bromas, si hubieras estado sentada delante de mi en clase, hubiera escupido en tu pelo. Odiaba a los hijoputas, tanto daba que fueran buenos o malos. Al final, les hacia hijoputadas yo también, como hacerles desaparecer los bolis o dejar accidentalmente un chicle en su asiento. No caen bien nunca. De hecho, son las típicas personas que cuando recuerdas y te dicen algo así como “se quedo preñada de un expresidiario drogadicto y le faltan todos los dientes porque se enganchó al crack” no puedes evitar una sonrisa de satisfacción. Vale, yo soy la “hijaputa mala encubierta que sale a la luz 10 años después”. Pero que a gusto que se siente una…
Aquí tenemos la típica respuesta de alguien con mala uva con el que es mejor no meterse.
Y que conste que nadie me recuerda por hijaputa. Como mucho me recuerdan por la hermana de fulanito o la prima de fulanita, o directamente no me recuerdan. Que yo fui más margi que hijaputa.
“[Nota: No se os ocurra llamar cuatrojos a nadie cuando se esté comprando unas gafas en una óptica llena de gente]” << Descojone juasujas
Yo era más de los que se agrupaba con otro y otros dos para ir a por los REPETIDORES MALOTES, ojo, que no los chungos que esos tenían su peligro juasjas.
Yo también era más bien del género margi, pero eso ye un gran honor, o qué. Los margis éramos los más chanchis, y además teníamos amigos margis como nosotros, que no ye que estuviéramos solos.
Lo que nunca fui fue hijaputa, en alguna ocasión más por falta de aptitudes hijoputiles que de ganas. No sabía yo que habías sido tan perraca (aunque sea perraca buena), menos mal que somos colegas ;D
Vale, la respuesta ha sonado peor de lo que pensaba… yo era de las margis también. Me pasé cuatro años aguantando que se metieran conmigo porque era más grande que todos los chicos de la clase (es que siempre he sido alta). Así que al cuarto año, cuando ya estaba hasta las narices (y casi de camino al psicologo) decidí que pa japuta yo. Pero en vez de centrarme en los margis como yo me centré en el graciosin que me estuvo llamando tocho cuatro años seguidos. Así que le iba haciendo putadillas (sin dar demasiado la cara) y, como en el fondo era un poco limitado, cuando te atrevias a contestarle se quedaba sin respuestas. Y eso que respondía al esquema de joputa bueno y después de algún tiempo hasta se le tenía aprecio. Pero los años de angustia institutil no se olvidan y en la mayoria de los margis quedan por siempre en el centro de nuestro maltrecho ego. Todavia siento escalofrios cuando a alguien se le ocurre llamarme tocho…
qué malota no??? :O
xDD Yo sobreviví a la marginación del instituto sin tener que hacer nada de eso